Hace casi dos años tuve el gran disgusto de escribir una columna en esta página de Andes, que titulé “Cómo perder el poder”. En ella analicé cómo el Partido Conservador británico de quien durante mucho tiempo se decía que era el partido natural de gobierno de ese país desde comienzos del siglo XIX, había perdido esa condición por su actuación en el período 2010-2024. Mi deseo principal era que su lectura generara lecciones universales sobre cómo perder el poder y que dichas lecciones se aprendieran en otras latitudes.
Manuel Adorni fue promovido a jefe de Gabinete por el presidente Milei luego de la importante victoria electoral de octubre de 2025, reacción a la elección bonaerense de septiembre de 2025 que fue minimizada por muchos republicanos. Andes había analizado dicha elección en una tertulia con la guía de Alex Campell, senador provincial de Buenos Aires.
Su conquista previa había sido la victoria electoral de la LLA sobre el PJ y el PRO en la elección de legisladores de la ciudad en 2025, aunque nunca asumió la banca que ganó con la lista que él encabezó. Previamente y hasta su nombramiento como ministro coordinador, había sido el vocero del presidente Milei. Adorni con su sarcasmo verbal y su icónica frase de cierre en la web (“Fin”) se mostró siempre como una persona beligerante, despectiva y arrogante – ciertamente más un amplificador que un moderador de los proverbiales malos modos y de la violencia verbal presidenciales.
No tendría sentido hacer el recorrido de los meses de escándalo en que estuvo enmarañado en 5 de sus 8 meses de gestión. Tampoco me importa analizar si hubo un complot mediático en su contra o si este fue un golpe de estado institucional orquestado por el grupo La Nación. Serían salidas fáciles de corte conspirativo: el problema está en otro lado.
En una columna anterior, durante una visita al Reino Unido, escribí sobre el tremendo error estratégico que a mi juicio cometieron los británicos con su decisión de apoyar el Brexit. Se trató de una ceguera estratégica que les había impedido y todavía impedía en ese momento percibir la dimensión del error en que habían caído – más allá de las razonables excusas y previsibles anteojeras del portaviones al costado del continente europeo.
Dos lecciones electrizantes de un país de filosofía esencialmente liberal con una monarquía más republicana que la V República francesa…
El presidente Milei arrastró a su gobierno, a su partido y a todos los republicanos que podemos compartir sus fines - aunque no sus métodos ni sus dichos – a un largo calvario de cinco meses para defender a un ministro que nunca tuvo peso específico en su puesto, que no tuvo ninguna responsabilidad por los grandes cambios y reformas que ha encarado el gobierno libertario, que no ha hecho ninguna contribución ni conceptual ni práctica al avance de la libertad en Argentina.
Es imposible no preguntarse como espectador qué grave ceguera estratégica atacó al presidente Milei para no percibir el daño quizás irreparable que ha hecho al país y a la causa de la libertad con su defensa cerrada de Adorni. ¿Los hechos son comparables con los de funcionarios del “gobierno” de Alberto Fernàndez? Para nada. ¿Tienen la gravedad de la corrupción personal de un Martín Insaurralde con su adlater Jesica Cirio? Parecen en comparación intentos infanto-juveniles de mejorar el estilo de vida y el confort propio, con la consecuencia indeseada de perjudicar la carrera profesional de una coach empresarial otorgándole la visibilidad y la aureola de corruptela que nunca molesta a una vedetonga. ¿Adorni sabìa demasiado, como ha insinuado algún periodista?
Si LLA dio una bocanada de aire fresco a la política argentina al hablar de una “casta eternamente enquistada y corrupta”, el affaire Adorni le ha quitado la mayor parte del viento a las velas libertarias. Las promesas aún incumplidas al 100% de estabilidad y progreso serán lo único que podría defender con la cabeza bien alta la gestión del presidente Milei.
El gobierno debió actuar con rapidez y firmeza como en otros casos de corrupción. El gobierno debió concentrar sus energías de equipo y su renovado poder legislativo en resolver los problemas de obsolescencia legal e impositiva de la vieja Argentina. Hago votos para que los próximos quince meses el presidente Mieli vea con más claridad cuales son las prioridades estratégicas sobre las que debe concentrar su acción y que los republicanos esperamos ver sean el foco de su acción prioritaria por el bien de la patria.