MILEI VS. KEYNES


Por Luis M. Urriza

 La necesidad de discutir ideas, y sobre todo, acciones de gobierno

 

La columna titulada “John Maynard Keynes: el sicario de la política” publicada por el diario Clarín, dentro de la sección Economía, propone un debate necesario. Políticas de Gobiernos en todo el planeta utilizan herramientas económicas en su acción concreta, y estas se basan, y se justifican en conceptos teóricos. Discutir estas teorías es clave. Pero analizar las herramientas prácticas es totalmente imprescindible.  

 

En el contexto de Argentina de los últimos 25 años han dominado las herramientas económicas basadas en la teoría Keynesiana. Esto es real, no es teoría, fueron acciones, medidas de Gobierno que nos afectaron y afectan a todos. Inclusive fueron explícitamente comunicadas dentro de un marco teórico presentado por los políticos y economistas a lo largo de toda la era Kirchnerista, con Kicillof como uno de sus máximos defensores.

 

En The General Theory of Employment, Interest and Money (Teoría general de la ocupación, el interés y el dinero, 1936) de John Maynard Keynes, específicamente en el Libro III, capítulo 10 (“La propensión marginal a consumir y el multiplicador”), se encuentra el siguiente pasaje:

 

“Si el Tesoro llenara botellas viejas con billetes, las enterrara a profundidades adecuadas en minas de carbón abandonadas… y dejara a la iniciativa privada… desenterrarlas nuevamente… no tendría por qué haber más desempleo… Sería, desde luego, más sensato construir viviendas y cosas por el estilo; pero si existen dificultades políticas o prácticas para hacerlo, lo anterior sería mejor que nada.”

 

Con este ejemplo, Keynes proponía literalmente realizar trabajos inútiles para movilizar la economía y combatir el desempleo. Aunque encontraba más sensato construir viviendas o cosas útiles, en un contexto de depresión, proponía esta insensatez y falacia económica, antes que nada.

 

Esta discusión se daba en el marco de la primera Posguerra y la Gran Depresión del siglo pasado. Pero aún más grave es la aplicación de políticas de este tipo durante décadas en Argentina, justificadas por el marco de una crisis económica permanente. Sobran ejemplos explícitos, el “plan platita”, “la emisión monetaria que no genera inflación”, las “empresas recuperadas”, los “salvatajes” y “estatizaciones” a empresas que pierden valor recurrentemente, las líneas de créditos subsidiadas para sectores y empresas discrecionales según criterio subjetivo del poder político, la apertura y cierre de exportaciones que dirigen caprichosamente industrias enteras a decisiones coyunturales sin analizar su aporte de valor real...etc.

 

Todo se puede justificar en este punto de la teoría Keynesiana: Si muevo la economía hoy, aunque sea artificialmente, combatiré el desempleo, inclusive, aunque sea una actividad que no genera valor. “Lo anterior sería mejor que nada” J. M. Keynes

 

En nuestro libro “Postcapitalismo”, (Alejandro Marchionna Faré y Luis María Urriza), (2022), proponemos una idea diametralmente opuesta a esta de Keynes. Una economía impulsada por la generación de Valor Social, o sea que toda actividad debe orientarse a generar valor real para la sociedad. Esto no solo resulta aparentemente obvio y de sentido común, sino que puede aplicarse prácticamente y medirse. El problema es que esta orientación al Valor Social no es compatible con la teoría Keynesiana de impulso artificial de la economía, ni con su aplicación práctica en muchos países del mundo en el último siglo y aún menos en la economía predominante en Argentina durante el último cuarto de siglo.

 

(*) Vicepresidente de la Fundación ANDES