LETALES GOLES EN CONTRA


Por Alejandro Marchionna Faré (*)

 

  

Casi imposible escaparse de la dialéctica pre-mundialista…

 

El gobierno de Javier Milei está de capa caída después de eludir milagrosamente de la potencial trampa electoral que intentò tenderle el gobernador de Buenos Aires.

 

El escandalete infantil generado alrededor de las actitudes de los hermanos Milei en el caso $LIBRA deja de serlo cuando afecta el patrimonio de simples ciudadanos argentinos y extranjeros.

 

Los audios que han circulado sobre el caso Andis que insinuaron que en el Camelot libertario se habían inoculado algunos virus malhadados de la famosa “casta”.  

 

La pericia con que Manuel Adorni ha financiado el desarrollo de su portafolio de activos inmobiliarios y la impericia con la que ha explicado sus múltiples viajes con su familia llaman la atención. Irritan porque desde las redes y sobre todo desde el atril ha mostrado una actitud soberbia y sobradora que sólo se entendería en una persona pública sin absolutamente nada que esconder y reprocharse.

 

El principal activo político se ha desinflado. La inflación ascendente y números incómodos en los titulares de los medios erosionan el apoyo que ha sabido tener esta administración.

 

Los ataques a la prensa continúan y son alentados para que se multipliquen por las redes sociales en un juego que afecta la temperatura política ante la entendible voluntad de transparencia y la obligación de accountability de toda gestión pública.  

 

El propio presidente continúa con sus actuaciones y recitales tanto en Argentina como en el exterior. Son muchos eventos con actitud desaforada y con tono partidista, alejadas de la actitud que en general se espera de un presidente en ejercicio.

 

Enfrente tenemos al perenne tren fantasma. Con un maquinista de claro tinte marxista, y con la pica boletas aplacada pero agazapada. Muchos cambios necesarios de la era Milei valen la pena: la disciplina fiscal, buena parte de la desregulación, la dirección general de la reforma laboral, etc.

 

Al igual que pasó al final del período de Macri, un nuevo gobierno peronista volvería los cambios para atrás. Los letales goles en contra que ha acumulado el gobierno en los últimos meses llenan los titulares y rápidamente quedan olvidados los triunfos legislativos que en el futuro devolverán cierto dinamismo y reacción a la economía – claro que tampoco todo se ha resuelto.

 

Un republicano hoy esperaría un estadista que le diga con seriedad e inspiración auténtica: sólo puedo prometer sangre, lágrimas y sudor – pero allá no tan lejana está la Argentina del verdadero renacimiento. El objetivo compartido, el comportamiento ciertamente que no. Perseveremos en la búsqueda del objetivo para que nuestra sociedad vuelva a ser normal.