RESPUESTA


Por Alejandro Marchionna Faré

 

 

Definición de “respuesta” según el Diccionario de la lengua española (RAE)

 

 

  1. Satisfacción a una pregunta, duda o dificultad.
  2. Contestación a quien llama o toca a la puerta.
  3. Réplica, refutación o contradicción de lo que alguien dice.
  4. Contestación a una carta o billete.
  5. Acción con que alguien corresponde a la de otra persona.
  6. Efecto que se pretende conseguir con una acción.
  7. Esgrima: Acción ofensiva ejecutada después de haber parado un ataque.

 

 

Analicemos las acepciones de la palabra a la luz de hechos recientes acaecidos en la Argentina. La versión 1 es ofrecida regularmente por el vocero del gobierno. La 2 no debiera aplicar ya que implicaría la existencia de una puerta o barrera entre el Gobierno y la ciudadanía.

 

 

La versión 3 apunta claramente a la intencionalidad de la creación de una nueva función en el Gobierno. La versión 4 podría extenderse a un artículo periodístico o a una intervención en alguno de los medios no tradicionales o redes sociales.

 

 

La versión 5 apunta solamente a una acción que se relaciona con la acción (presumiblemente falsa información o ideas equivocadas) de otra persona. La 6 tiene la intención de surtir algún efecto o en la persona a la que se le da respuesta o bien un cambio de mirada en la opinión pública. La opción 7 ya asume que hubo un ataque previo y que se busca una acción ofensiva como reacción, ya en un tono de conflicto abierto.

 

 

La Oficina de Respuesta Oficial (ORO…) creada en las últimas semanas en Argentina ha sido encargada de combatir las fake news y de contradecir los artículos periodísticos que cruzan la narrativa del Gobierno actual.

 

 

¿Hay antecedentes en países democráticos? Sí, en tiempos dramáticos como la 2ª Guerra Mundial. Gran Bretaña tuvo el Ministerio de Información para contrarrestar la propaganda nazi y generar desinformación dirigida a Alemania ya que había que enfrentar el gigantesco mecanismo de propaganda formado por Joseph Goebbels. Pero el MI fue desarmado en 1947. Dos de sus ramas tienen otros nombres oficiales pero todavía se las conoce por su designación dentro de ese desaparecido Ministerio: MI5 y MI6. Y en ese país surgieron críticas despiadadas como la novela “1984[1]” y su escalofriante concepto de “Gran Hermano”.

 

 

Se podrá argumentar que en el siglo XXI se libran batallas de una guerra cultural. Es verdad, pero ¿acaso el fin justifica los medios? Existe ya la práctica de designar voceros que hablan en representación de presidentes o primeros ministros; un ejemplo infamante en nuestra historia reciente fue la vocera de Alberto Fernàndez. O la agresividad de Manuel Adorni en ese rol antes de asumir la Jefatura de Gabinete.

 

 

También la práctica señala que es más constructivo para cualquier país que quien gobierna gobierne bien y que comunique bien: el ejemplo más reciente de la presidencia de Mauricio Macri. Pero que no se obsesione con la comunicación “fidedigna” de su punto de vista a costa de negar la realidad y hacer contorsiones ideológicas dignas de grupos que ya han destruido al país repetidas veces.

 

     

 

[1] Del escritor británico George Orwell.